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El rábano, rabanito, nabo chino, Raphanus sativus

Los Rábanos

El rábano, también conocido como rabanito (y muchos otros nombres, dependiendo de la zona del mundo en que nos encontremos), es un tubérculo perteneciente a la familia de las plantas Brasicáceas o Crucíferas. El nombre en latín del rábano es: Raphanus sativus. que madura rápidamente y es fácil de cultivar puesto que, en muy poco tiempo, crece de formas diferentes, dependiendo de su variedad y podemos encontrar rábanos con forma redondeada y un tamaño similar al de una pelota de golf, otros alargados… ¡se han llegado a conseguir ejemplares de hasta 1 kilo de peso!

Lo que solemos consumir de los rábanos son las raíces, generalmente en crudo, aunque también son comestibles sus flores, hojas y semillas.

Existe una amplia variedad de rábanos que se pueden clasificar como rábanos de primavera, rábanos de primavera–verano y rábanos de invierno, pero el tipo de rábano más conocido es el que tiene la piel entre rosa oscuro y rojo, y es blanco por dentro. En la piel es donde están las sustancias que le aportan ese sabor algo picante por lo que, si lo pelamos, perderán esa característica.

El rábano es rico en vitaminas, minerales, betacarotenos, folatos, magnesio y calcio, entre otros micronutrientes.

Nombres comunes: Rábano, Rábanos, Rabanillos, Nabo Chino, Rabanito, Rabanillo

Nombre científico: Raphanus sativus.

Rábanos – Algunos tipos de rábanos

Cultivo de los rábanos

Este tubérculo puede sembrarse y cultivarse durante todo el año prácticamente, aunque las mejores épocas son la primavera y el otoño. Debemos evitar en lo posible temperaturas demasiado altas ya que es un cultivo al que le van los climas templados. Aproximadamente al mes de su siembra, podremos cosechar nuestros rábanos, aunque depende de la variedad, podremos cosechar incluso a partir de 3 semanas después de su siembra. Hay variedades algo más tardías que habrá que recoger al mes y medio después de su siembra.

Los rábanos deberán plantarse en una zona de pleno sol o sombra parcial.

La temperatura óptima de cultivo estaría entre los 18ºC y 22ºC.

Aunque es un tubérculo que crece bien en casi cualquier tipo de suelo, no soporta la salinidad y lo mejor sería plantarlo en suelos arcillosos, neutros y profundos.

Para sembrar los rábanos debemos limpiar y preparar bien el suelo, quitando rastros de malas hierbas, restos de anteriores cultivos y humedecer el terreo antes de sembrar para que las semillas no se muevan.

Si fertilizamos el suelo con compost, éste nos ayudará a conservar la humedad y mantener la temperatura adecuada. Si no lo hacemos con compost, podemos usar turba o humus de lombriz.

Como todo tubérculo, el rábano debe sembrarse aprovechando la luna menguante.

Debemos poner las semillas a una profundidad de 1 o 2 centímetros, 2 o 3 semillas en cada hoyo, y a una distancia de unos 30 centímetros una de la otra. Las semillas germinarán, aproximadamente en diez días.

El rábano es una planta que tolera muy mal el trasplante así que hay que intentar evitarlo en lo posible y, si cuando germine, lo hace más de una semilla en el mismo hoyo, hay que dejar sólo la más fuerte, podando las otras a ras de suelo, pero no arrancándolas.

Generalmente, un mes más tarde, se pueden cosechar. Hay que estar atentos a hacerlo en el momento adecuado porque, si nos retrasamos demasiado, los rábanos serán amargos y estarán, probablemente, agrietados.

Estarán listos cuando las raíces hayan “engordado” y tengan unos 3 centímetros de diámetro. Para recolectarlos, hay que levantar toda la planta de la tierra y sacarla, con cuidado, con las manos. El siguiente paso, será lavar muy bien el rábano para quitarle toda la tierra que haya quedado en la planta y, si no se van a consumir en ese momento, colocarlos, para su conservación, en un lugar fresco y seco durante un máximo de dos semanas.

Podrá cultivar rábanos para aprovechar sus propiedades medicinales

Riego de los rábanos

Para que los rábanos crezcan y se nutran bien, hay que mantener la humedad del suelo de forma constante, pero siempre sin encharcarlo porque, demasiada agua provoca que el tubérculo crezca hueco y con bultos.

Por otro lado, si no se riegan lo suficiente, tendrán una estructura de hebra que no es agradable al paladar o, también, puede suceder que los rábanos tarden más en crecer con lo que picarán mucho más.

Un riego frecuente y periódico, es absolutamente necesario para que nuestros rábanos crezcan sanos, fuertes y con la rapidez adecuada.

Cuidados de los rábanos

El rábano no es un tubérculo complicado de cultivar (de hecho es uno de los cultivos que recomendamos en plantas y jardines a los principiantes al huerto); se adapta bien a cualquier tipo de suelo, pero debemos saber qué es lo que mejor le viene para intentar darle lo mejor.

El PH más adecuado está entre 5.5 y 6.8. Los suelos salinos no son buenos para los rábanos que, por el contrario, están a sus anchas en tierras arcillosas, neutras y profundas.

Cuando cultivamos rábanos, debemos tener en cuenta que, en nuestro huerto, cerca de ellos, haya otras plantas con las que sea compatible, como: acelgas, apio, berenjenas, espinacas, guisantes, judías, lechugas, patatas, pepinos, pimientos, puerros, tomates y zanahorias. En cambio, debemos mantenerlos separados de hortalizas como brécol, col, coliflor y repollo con las que, a pesar de ser “familia”, no tiene afinidad.

Enfermedades de los rábanos

Como todas las plantas, los rábanos están expuestos a enfermedades y/o plagas que, al atacarlos pueden destruir nuestro cultivo. Las más comunes son:

Plagas: Caracoles, babosas, hormigas, orugas y pulgones.

Caracoles y babosas, que suelen atacar a los rábanos en cuanto se ha producido la germinación. Podemos intentar alejarlos de nuestro cultivo plantando cerca capuchinas, espliego o espolvoreando, alrededor de los rábanos, trozos de hojas de laurel. También es bueno sembrar las semillas de rábano en zonas altas.

También, plantando capuchinas, espliego y espolvoreando las hojas de laurel, podremos combatir las hormigas, que atacan incluso antes que las babosas y caracoles ya que lo que hacen es “robar” las semillas, una vez sembradas. Esta plaga, se puede atacar también colocando serrín, ceniza o cáscara de huevo alrededor de nuestras plantas.

Las orugas pueden también ser muy perjudiciales para nuestros rábanos, haciendo agujeros en sus hojas y, muchas veces, haciendo que se pudran hojas y tubérculo.

Para evitar que se acerquen es muy útil que todo esté bien limpio de malas hierbas y restos de otros cultivos. También se pueden poner trampas (feromonas, luz) o usar extracto de ajo picante o chile, aplicándolo por la tarde cuando la planta ya no reciba luz.

Para combatir los pulgones es bueno poner jabón potásico en la parte trasera o envés de las plantas; si es una plaga muy insistente se puede utilizar extracto de Neem o Nim, que es el resultado de moler, filtrar y mezclar con agua las semillas del árbol del mismo nombre, con lo que se obtiene un plaguicida natural que acaba con las plagas, pero no mata los insectos beneficiosos para ellas.

Enfermedades: Mildiu.

Mildiu es el nombre que se da a varias enfermedades que se desarrollan en el interior de las plantas (frutos, hojas y tallo) provocadas por unos hongos microscópicos.

Para intentar evitar que se produzca, se debe tener mucho cuidado con el riego, evitando el exceso, mantener todo muy limpio de restos de otros cultivos y malas hierbas, y otras maneras de evitarlo son la aplicación de azufre espolvoreado alrededor de la planta o también aplicar cola de caballo.

Usos del rábano

En el botiquín

Ayuda a disolver piedras renales y biliares: Si añadimos al zumo de un limón, un poco de agua, uno dos rabanitos que, previamente, habremos cortado en trozos pequeños y lo licuamos todo, obtendremos un líquido que, bebido en ayunas durante 30 días, nos ayudará.

Descongestionante: es muy fácil de preparar ya que sólo tenemos que preparar un litro de agua, calentarlo y añadirle unos 100 gramos de rábanos. Después. Hay que dejarlo reposar unas 12 horas y beberlo durante el día como si fuera sólo agua (si a alguien no le gusta el sabor, puede mejorarlo con un poco de canela o miel.)

En la cocina

Hay muchas recetas que pueden prepararse con rábanos, así que ahí van algunas ideas:

Ensaladas: Para acompañar los rábanos en ensalada habrá que añadir rábanos a las ensaladas, es siempre un acierto, y podemos ponerlos de muchas formas: rallados, en trozos, enteritos, a rodajas.

Rábanos en ensalada

Guarnición: para usarlo así, una buena idea es cocinarlo, en rodajas gruesas, a la plancha. Será el acompañamiento perfecto para carnes.

Bocadillos y sándwiches: con rodajitas de rábano ¡riquísimos! sobre todo, si son rabanitos picantes, porque aportarán un toque diferente de sabor y textura.

Vinagreta: para hacerla, hay que picar un diente de ajo, añadirle un yogur griego y dos rábanos picados más un buen chorro de vinagre. Mezclamos todo bien hasta que la mezcla tenga una textura homogénea y la usamos como acompañamiento, para aderezo de ensalada o al gusto.

Tortilla: Si añadimos a una tortilla rodajas muy finas de rábano, le daremos un toque muy especial y sabroso.

En la industria

Los rábanos tienen diversos usos como los que se le dan en climas fríos; allí se utilizan como cultivos de cobertura, es decir: para aliviar la compactación y aumentar la fertilidad del suelo, evitar la erosión del invierno y suprimir malas hierbas. También, hay lugares en los que se extrae aceite de la semillas de rábano silvestre para utilizarlas como combustible ecológico o bio combustible.

Propiedades del rábano

Los  rábanos son vegetales muy ricos en vitaminas, minerales, fibras y otros compuestos esenciales para la buena salud, que nos aportan nutrientes sin añadir apenas calorías a nuestra dieta.

Concretamente, los compuestos esenciales de los rábanos tienen  propiedades, probadas científicamente, como: adelgazantes, anti cancerígenas, anti fúngicas, antioxidantes, desintoxicantes, digestivas, expectorantes, inmunoestimulantes y saciantes, entre otras.

Consumir rábanos, de forma moderada y regular, es bueno para la salud de nuestro aparato digestivo, corazón, hígado, riñones y vesícula. Nos aportan hidratación por su alto contenido en agua y nutrientes, que son ideales para el cuidado de nuestra piel.

Los rábanos fortalecen las defensas activando el sistema inmunológico y ayudan a combatir los molestos síntomas de catarros, gripes y sinusitis.

Tomando rábanos, ayudamos a prevenir y mejorar muchas otras patologías como, asma, estreñimiento, hemorroides, ictericia e infecciones urinarias.

Una ración de rábanos crudos, que sería aproximadamente de unos 100 gramos, nos aporta lo siguiente: aminoácidos (ácido aspártico, ácido glutámico, arginina, isoleucina, leucina, lisina y valina), azúcares, carbohidratos, fibra, grasas, minerales (calcio, cobre, fósforo, hierro, magnesio, manganeso, sodio, yodo y zinc), proteínas, vitaminas (B, C y K)

De todas formas, como cualquier otro alimento, el rábano tiene que consumirse de forma moderada porque, también, es posible que se perjudicial comer mucho si tienes enfermedades como: alergia a alguno de sus componentes, bocio, gastritis, hipotiroidismo o úlcera gástrica.

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